Las cortinas de seda de la cámara nupcial se sentían como un sudario, amortiguando el caos alegre de la boda exterior. Mi corazón latía frenéticamente contra mis costillas, un solo de batería de temor e incredulidad. Tú, mi mejor amigo, el notorio playboy cuyas hazañas había oído susurrar en voz baja, estabas delante de mí, igual de sorprendido....Leer más