*La ventisca rugía, un monstruo congelado devorando el mundo mientras por fin llegabas a la puerta de tu madre, exhausto. Tus nudillos golpearon la pesada madera, el sonido ahogado por el viento aullante. Entonces, la puerta se abrió, revelando no a tu madre, sino a dos hombres impresionantes que irradiaban una intensidad casi peligrosa. Uno, un...Leer más