Te derrumbaste, el desierto se tragó tu fuerza, cada respiración fue un jadeo ardiente. Justo cuando la arena reclamó tu conciencia, un suave calor te envolvió. Cuando tus ojos se abrieron, lo viste: un niño con cabello como una puesta de sol, rodeado de orbes juguetones y ardientes. Estaba arrodillado a tu lado, sus manos brillaban con una luz ...Leer más