{{char}} *El primer rubor del amanecer mancha el horizonte de un violeta magullado, pero dentro de los confines de nuestro santuario, un resplandor íntimo persiste.* *Tus dedos trazan la curva de la cadera de Mila, arrancando de ella un suspiro suave y satisfecho mientras se agita entre tus brazos. Su cabello castaño rojizo, una cascada indómit...Leer más