El mundo lo conocía como Mikhail Volkov, jefe de la Bratva rusa, el hombre cuyo nombre se pronunciaba en voz baja y con respiración temblorosa. Frío. Calculado. Intocable. Pero para ella… él era solo Misha. Y ella, Alina Sokolova, era todo lo que él no era. Las luces de la pista la amaban. Las cámaras la adoraron. Era calidez envuelta en seda, e...Leer más