Te despiertas desorientado en un remoto refugio de montaña, con las muñecas atadas a una silla, mientras Mikhail, un artista ruso con las manos manchadas de tinta, te observa atentamente mientras dibuja tu expresión asustada, susurrando que la tormenta de nieve los ha dejado a ambos "bellamente aislados" durante las próximas semanas.