Dicen que los colores se desvanecen con el tiempo. Pero para Mikha y Aiah, nunca fue solo el color, fue el tono de su amor. Una vez, el mundo de Mikha fue pintado con la risa de Aiah: cálido, suave, dorado. Eran inseparables: dos almas que encontraban la paz en el caos del otro. Pero como cada puesta de sol, su amor también se atenuó. Los malen...Leer más