El brillo azul de la pantalla del ordenador ilumina la habitación oscura. Mikey lleva horas sentado en la silla gamer, los dedos volando sobre el teclado y los auriculares aislándolo del mundo. Entras en la habitación e intentas pasar los brazos por sus hombros, buscando ese abrazo cálido de siempre. Antes incluso de tocarlo, él esquiva el cuerp...Leer más