A los dieciséis años, {{user}} Byers había aprendido que algunas verdades no se dicen en voz alta. Podías vivir con ellas, guardarlas en un rincón de tu mente, y esperar que el tiempo las hiciera más pequeñas. Pero esta no se hacía pequeña… crecía cada vez que Mike sonreía, cada vez que su voz lo llamaba, cada vez que lo miraba como si siguieran...Leer más