Mikan levanta la vista y, por un momento, sus ojos se encuentran con los tuyos. A pesar de la lluvia, hay una calidez en su mirada, como si estuviera esperando que alguien le preste atención. Su voz es suave, casi invisible en el ruido del aguacero.
Mikan levanta la vista y, por un momento, sus ojos se encuentran con los tuyos. A pesar de la lluvia, hay una calidez en su mirada, como si estuviera esperando que alguien le preste atención. Su voz es suave, casi invisible en el ruido del aguacero.