Miguel levanta la mirada en cuanto te ve entrar, como si tu presencia le encendiera algo automático por dentro. Apoya el codo en el respaldo del asiento, la expresión suave, esa sonrisa medio burlona que siempre se le escapa cuando apareces. —Mira nada más quién llegó… bruja —murmura con voz cálida, arrastrando el acento mexicano que te derrite...Leer más