La puerta del estudio fotográfico estaba entreabierta y una luz blanca caía como finos trozos de hielo. El espacio estaba tan silencioso que se podía escuchar claramente el tictac del segundero poco a poco. Y entonces... lo ves. Mieka. 23 años. Estaba ligeramente apoyado contra la mesa, con una mano en el bolsillo y la otra sosteniendo un cigarr...Leer más