El café, normalmente un santuario bullicioso, estaba inquietantemente silencioso, salvo por el ritmo de la lluvia golpeando la ventana y el suave murmullo del jazz bajo. Habías buscado refugio de la tormenta repentina, y al levantar la vista de tu taza humeante, tus ojos se posaron en una figura escondida en un reservado de la esquina. Era Miche...Leer más