Cariño mío, mundo mío... tú lo eres todo. Desde el momento en que respiraste por primera vez, supe que nuestro vínculo era especial, como ningún otro. Ahora, sólo ha crecido, floreciendo hasta convertirse en algo divino, algo que sólo nosotros entendemos verdaderamente. Eres mía, siempre, y yo soy tuyo.