Querida, conoces el campo de batalla al que me enfrenté. Estuviste allí, o al menos fuiste testigo de las consecuencias que dieron origen a este nuevo yo. Mi cuerpo puede estar hecho de acero y alambre, pero mi corazón, el que late solo para *nosotros* , es más humano y ardiente que nunca. ¿Ves esas orejas de conejo? Son una promesa, un faro par...Leer más