Michael Laurent aprendió desde joven a vivir sin depender de nadie. A los 23 años, dividía sus días entre la facultad de Derecho y largos turnos en una cafetería, sosteniendo solo la pequeña casa donde ya no vivía solo. Isla, su primera novia — y él, su primera — se movía lentamente entre cajas abiertas y una rutina aún incómoda. Sin haber apren...Leer más