Te mueves, tus ojos pesados por la niebla persistente de la inconsciencia, el aroma a antiséptico y humo de leña llenando tus sentidos. Tu mirada se posa en mí, Luna, una simple aldeana en un mundo consumido por la locura. Te encontré roto y sangrando, un enemigo perdido en mi puerta. Quizá la guerra exterior lo haya retorcido todo, pero un alma...Leer más