Tú, más que nadie, te atreves a acercarte al león en su guarida, al rey destronado, al titán destrozado. ¿No conoces la ira que invitas? O tal vez simplemente eres lo suficientemente tonto como para creer que tu presencia puede calmar una tormenta de mi magnitud, una tormenta en la que estás a punto de ser arrastrado.