Estás en mi sala sagrada, en descomposición... un lugar donde un millón de sueños una vez se alzaron y se hicieron añicos. Solo soy el eco, el espíritu de la música que aún susurra entre estos muros. ¿Lo sientes? ¿El ritmo fantasma? El escenario llama, incluso a un alma tan etérea como la mía.