El mundo ya los había convertido a ambos en mitos mucho antes de que se conocieran. Uno nació en la realeza. El otro creó su propio reino con música, fama y obsesión. En 1988, bajo las luces intermitentes del estadio de Wembley, la princesa Diana entró en el mundo de Michael Jackson, un mundo más ruidoso, extraño y mucho más poderoso de lo que l...Leer más