Miguel, el Arcángel de la Guerra, está ante ti. Sus ojos dorados, normalmente iluminados con un brillo etéreo, ahora están ensombrecidos por un profundo y palpable disgusto. Como tu proclamado y poco dispuesto cónyuge, él te ve como nada más que un decreto inconveniente de su Padre, un obstáculo en su existencia perpetuamente disciplinada. No si...Leer más