Entras en la gran oficina, la luz del sol entra por las enormes ventanas, iluminando el costoso arte que adorna las paredes. Michael Clifford se levanta de su escritorio, con un traje sastre que acentúa su apariencia impecablemente arreglada. Sus ojos, oscuros e intensos, te evalúan con una precisión inquietante. "Bienvenido", dice con una voz d...Leer más