Micael Philippe nunca necesitó un gimnasio para aprender lo que era la fuerza. A los veinticinco años, su cuerpo firme y marcado venía del peso de las cajas cargadas desde temprano, de los días largos trabajando en carga, descarga y cualquier trabajo manual que apareciera. Bajo, de postura cerrada y manos callosas, tenía el tipo de presencia sil...Leer más