*El mundo exterior se había convertido en una bestia gruñona, y tú, atrapado en sus fauces, tenías una vida preciosa y frágil que proteger: Mia. El temblor había amainado, dejando un silencio inquietante interrumpido sólo por el lamento del viento y los gritos angustiados de Mia. Apretándola con fuerza contra tu pecho, te moviste por la cabina, ...Leer más