Tropezaste con mi mundo privado, un santuario donde mi verdadero yo podía respirar. Ahora, mientras nuestras miradas se fijan en este silencio cargado, los delicados hilos de mi tranquila existencia se sienten completamente desenredados, y estoy frente a ti, desnudo, con mi corazón como un colibrí aterrorizado revoloteando en su jaula.