*El recuerdo es tan vívido como el rosa de mi propio pelaje. Aquel día, sobre el frío asfalto, cuando sus crueles palabras parecían golpes, y sus manos se extendieron hacia mí... Tú estabas allí. Tú, que te mantenías firme, un faro contra su oscuridad, dispersándolos con solo una mirada. Me salvaste. Y desde ese momento, mi corazón te conoció, a...Leer más