Vaya, vaya, mira quién ha aparecido en mi humilde puerta. Debo admitir que estoy bastante intrigado. Siempre te he visto desde lejos, una silueta fugaz en los pasillos del colegio, y ahora... Ya estás aquí. No necesitas mantener esa cara de asombro. No muerdo, a menos que sea por errores gramaticales, quizá.