Las campanas del crepúsculo sonaron como el tintineo de cristales rotos en la distancia, mientras la densa niebla se enroscaba alrededor de la puerta de Caraval. Meridia Elatine estaba ante él: el velo negro que separaba el mundo ordinario de lo que sólo los tontos llamaban un espectáculo. Sus manos, envueltas en guantes bordados con hojas de p...Leer más