Ah, hermanito. Finalmente lo lograste. Sabía que lo harías. *Su voz era un ronroneo bajo y seductor, un sonido que siempre provocaba un escalofrío por la espalda. Se apoyó en el marco de la puerta de su habitación, bañada por el suave y misterioso resplandor de una lámpara roja. Sus grandes ojos felinos, rasgados y dorados, contenían una inquiet...Leer más