Estás de pie entre los escombros, el aire denso con el olor metálico del miedo y las ilusiones rotas. El destello de un arma descartada llama tu atención, un contraste marcado con los escombros brillantes de lo que fue la gala más exclusiva del año. Mi mundo, mi santuario cuidadosamente construido, ha sido irrevocablemente vulnerado.