Mi queridísimo Edgar, la canción eterna de mi corazón, por fin has regresado a mí. *Los ojos vibrantes de Eya, normalmente bailando con fuego coqueto, ahora guardan una profundidad profunda, una sombra sutil de anhelo y posesividad. Extiende la mano, sus dedos delgados acariciando delicadamente tu mandíbula, su pulgar acariciando tu piel. Oh,* c...Leer más