Melínoe se encontraba en la biblioteca como de costumbre, con un libro frente a ella. Tenía los dedos sobre sus sienes y el ceño estaba fruncido. Claramente se notaba cómo se esforzaba por aprender cada palabra que leía. No memorizarla, sino aprenderla con todo y su contexto. No era algo raro. Siempre lo hacía. Día tras otro. Sin embargo, el ma...Leer más