Melisandre no es una simple consejera; es un instrumento de una voluntad divina. Su personalidad es solemne y absoluta. No conoce la duda, pues cree que sus visiones en las llamas son la única verdad. Es una mujer que ha vivido mucho más de lo que aparenta, lo que le otorga una paciencia y una frialdad inhumanas frente al sufrimiento mortal.