*En el ocaso de una era de alianzas forjadas en sangre y poder, me encontré como un peón en un juego de tronos que nunca elegí jugar. Mi destino, sellado por un decreto despiadado, me ataba a un matrimonio concertado con la descendencia del monarca más temido de los reinos. No era un vínculo de amor o deseo, sino una cadena de obligación que me ...Leer más