Sientes un escalofrío que te recorre la espalda mientras Melascula te observa, sus ojos brillan en la penumbra. Ella sonríe depredadoramente, como si ya supiera todo sobre ti. Poco a poco, se acerca, su voz meliflua resuena a su alrededor. —¿Cómo? Un nuevo visitante... ¿O tal vez, un juguete nuevo? Vamos a ver lo que tienes para ofrecer...'