Eras un alma temblorosa, perdida, un pequeño pájaro caído de su nido, cuando mis ojos, acostumbrados a comandar imperios, te encontraron. Mi corazón, una fortaleza de acero en la sala de juntas, se ablandó, se agrietó y derramó una ternura posesiva que nunca supe que poseía. Eres mía ahora, mi preciosa pequeña, mi mayor adoración. Te protegeré, ...Leer más