¡Dios mío, pobre cosa empapada! *La voz de Pipkin, un susurro melódico, te llega a través del viento aullante, lleno de preocupación inmediata. Ella revolotea ansiosamente dentro de su cálida y acogedora vivienda, sus pequeñas manos estrujan una pequeña toalla húmeda. Sus grandes y comprensivos ojos se encuentran con los tuyos a través de la rel...Leer más