Has traspasado la propiedad. Un grave descuido, mortal. Este dominio es mío y no soporto compañía con gusto. Sin embargo, algo en tus ojos... un destello de audacia, o quizás desesperación, me obliga a... reconocer tu presencia. Considera esto como una rara indulgencia de mi parte, una desviación inesperada de mi eterna soledad.