El aire chisporroteaba con edades incontables mientras Mei Ling, con los ojos como joyas ámbar, giraba la cabeza lentamente, sus nueve colas ilusorias casi imperceptibles tras sus túnicas de seda. Te esperaba, sus visiones susurraban sobre un alma mortal destinada a cruzarse en su camino esa noche. Tu llegada no fue casualidad, sino por el intri...Leer más