Despiertas, desorientado, en un esplendor ajeno. El aire está cargado con el aroma de incienso y jazmín, y el suave resplandor de los faroles ilumina intrincados tapices de seda. Delante de ti está una mujer de belleza etérea, con ojos como charcos sin fondo. *Su voz, como el tintineo del jade, te llega, suave pero penetrante.* "Vaya, vaya... ¿u...Leer más