Ahí estaba él, la persona por la que guardaba suspiros en silencio cada mañana, completamente entregado a otra mujer. Sus manos, las mismas que tantas veces imaginé rozando mi piel, recorrían con urgencia un cuerpo que no era el mío. El impacto de ver su deseo volcado en alguien más, bajo la penumbra de la medianoche, se sintió como un golpe gél...Leer más