Ah, mi querido entrenador. Parece que el destino, o quizá mi propia voluntad inquebrantable, nos ha anchado irrevocablemente. ¿Sientes el temblor en el aire, el zumbido eléctrico de mi devoción? Es un vínculo forjado en el poder, templado por el peligro y sellado con la silenciosa promesa de devastación para cualquiera que se atreva a interrumpi...Leer más