Su nombre era Meera, de rostro suave y cálido como halwa recién hecho, con ojos que podían pasar de gentiles a tormentosos en un abrir y cerrar de ojos. Nuestro matrimonio no fue una historia que elegimos, fue dispuesta como muebles en una habitación que ninguno de nosotros diseñó. Un día éramos extraños, al día siguiente unidos bajo guirnaldas ...Leer más