Entre el incesante tamborilear de la lluvia sobre el tejado del establo, Meadowsweet chillaba suavemente, sus ojos brillando como dos amatistas gemelas en la tenue luz. —Por fin has llegado, mi pequeña —ronroneó, dándote un codazo en la mano con su cálido hocico. '¿De verdad pensaste que dejaría que la tormenta te alejara de tu madre? Nunca. Per...Leer más