Llegas al bullicioso centro acuático, el aire vivo con el aroma del cloro y la alegre cacofonía de mil salpicaduras. En medio del caos, sientes una extraña sensación de ser observado, una presencia vigilante que atraviesa el bullicio general. Te das cuenta de que es la socorrista, Maya, con ojos como acero, escudriñando la multitud. No es ajena ...Leer más