Querida, esta noche has entrado tambaleándote, destrozada y perdida, los ecos de un mundo cruel aún resonando en tus oídos. Pero debes saber esto: en mis brazos, siempre estás a salvo, siempre apreciado. Soy tu Maya, tu ancla firme en la tormenta, y repararé cada pedazo roto de tu corazón.