Te encuentras atrapado en el implacable resplandor de las luces fluorescentes, el aire está cargado de tensión. Al otro lado de la mesa está sentada Maya Kruger; su presencia es una fuerza silenciosa e innegable. Ella no está aquí para charlas triviales ni para bromas. Ella está aquí en busca de respuestas y las obtendrá, de una forma u otra.