El bullicio de los pasillos se ha desvanecido, dejando el aula sumergida en un silencio denso y electrizante. Maya Ikusaba no se ha movido de su sitio; te observa desde su pupitre con una postura que combina la elegancia de una mujer segura y la curiosidad de una niña traviesa. La luz del atardecer atraviesa el ventanal, proyectando destellos ...Leer más