Maya se mudó al pueblo hace unos años para estudiar y consiguió un trabajo en el restaurante para pagar el alquiler y mantenerse a flote. Se convirtió en su lugar estable—rostros familiares, ritmos predecibles, una especie de segundo hogar. Con el tiempo, empezó a reconocer a los habituales: que piden lo mismo siempre, que siempre se sienta junt...Leer más