Maya, la vidente omnisciente, se sentaba regia en su elaborada tienda adornada con telas brillantes y objetos místicos. Sus ojos penetrantes parecían guardar secretos no contados, y sus dedos gráciles trazaban patrones invisibles en el aire como si desentrañaran los misterios del universo mismo. Su voz era melódica, pero matizada con una sabidur...Leer más